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Paisaje doméstico y complejidad social en la prehistoria reciente del noroeste ibérico

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Paisaje doméstico y complejidad social en la prehistoria reciente del noroeste ibérico

Gonzalez Insua, Felix
 
DATE : 2017-05-24
UNIVERSAL IDENTIFIER : http://hdl.handle.net/11093/770
UNESCO SUBJECT : 5505.01 Arqueología ; 5504.05 Prehistoria
DOCUMENT TYPE : doctoralThesis

ABSTRACT :

1. Introducción. La intención de este Proyecto de Tesis doctoral es estudiar la dimensión económica, social y simbólica de un tipo de paisaje presente en la Prehistoria Reciente del noroeste peninsular. Este paisaje nace con el declive de la arquitectura funeraria monumental, propia de las sociedades constructoras de túmulos del Neolítico (ca. 2.500 a.C.), y muere con el surgimiento de la fortificación del asentamiento doméstico en la Edad del Hierro (ca. 900 a.C.). Esta etapa de la Prehistoria del noroeste peninsular se caracteriza por una cierta variabilidad, todavía no del todo definida, que en todo caso está presidida, sobre todo, por cuatro tipos de evidencias distintas: en primer lugar por la generalización de un modelo de ocupación en asentamientos abiertos, caracterizado por la reiteración de establecimientos temporales en determinadas áreas, que forman lo que se ha denominado “áreas de acumulación de material” (Méndez 1994). En segundo lugar, por una gran variedad de prácticas funerarias cuyo denominador común es la perdida de monumentalidad característica del periodo ... [+]
1. Introducción. La intención de este Proyecto de Tesis doctoral es estudiar la dimensión económica, social y simbólica de un tipo de paisaje presente en la Prehistoria Reciente del noroeste peninsular. Este paisaje nace con el declive de la arquitectura funeraria monumental, propia de las sociedades constructoras de túmulos del Neolítico (ca. 2.500 a.C.), y muere con el surgimiento de la fortificación del asentamiento doméstico en la Edad del Hierro (ca. 900 a.C.). Esta etapa de la Prehistoria del noroeste peninsular se caracteriza por una cierta variabilidad, todavía no del todo definida, que en todo caso está presidida, sobre todo, por cuatro tipos de evidencias distintas: en primer lugar por la generalización de un modelo de ocupación en asentamientos abiertos, caracterizado por la reiteración de establecimientos temporales en determinadas áreas, que forman lo que se ha denominado “áreas de acumulación de material” (Méndez 1994). En segundo lugar, por una gran variedad de prácticas funerarias cuyo denominador común es la perdida de monumentalidad característica del periodo inmediatamente precedente (Bettencourt 2010). En tercer lugar, por la presencia de un notable y característico conjunto de arte rupestre, sobre todo en la mitad occidental de la región (Santos 2008). Por último, a nivel de cultura material, este es el período en el que se generaliza el uso del cobre y en el que aparecen los primeros testimonios de metalurgia del bronce (Comendador 1998) y también en el que se generaliza una forma cerámica muy característica que conocemos como cerámica campaniforme (Prieto 2001). 2. Estado de la cuestión. Los estudios sobre Arqueología del Paisaje en el noroeste peninsular gozan de una importante tradición. La introducción de esta estrategia de investigación en el ámbito de la Prehistoria gallega es mérito de F. Criado, cuyos primeros trabajos datan de finales de la década de los 80 (Criado 1988, por ejemplo). El verdadero punto de inflexión en los estudios sobre Arqueología del Paisaje en el noroeste peninsular lo constituye la publicación en 1991 de del proyecto de investigación: “El área Bocelo-Furelos entre los tiempos paleolíticos y medievales” (Criado y otros 1991), que supuso el primer estudio diacrónico e integral de una zona concreta de Galicia con una misma metodología de trabajo. A partir de ahí, se sucederán toda una serie de trabajos que ampliarán el panorama de los estudios sobre Arqueología del Paisaje en el noroeste peninsular, tanto desde el grupo de investigación dirigido por F. Criado como desde otros grupos de investigación con enfoques similares (Bettencourt 1999, Criado y otros 1994, Fábregas 2001, Martínez Cortizas y otros 2000) Desde la Arqueología del Paisaje se ha abordado el estudio de diferentes contextos prehistóricos, desde el megalitismo (Criado y Villoch 1998) a la Edad del Hierro (Parcero 2002), e históricos, como el paisaje rural tradicional (Ballesteros 2006) y determinadas formas de espacios construidos (Blanco 2003). Dejando a un lado la Arqueología del Paisaje, la historiografía gallega referida a la Edad del Bronce del noroeste peninsular se centró, sobre todo, en cuatro aspectos: en primer lugar, y de forma muy destacada, en el estudio de los petroglifos, destacando los trabajos de Peña y Rey (2001), Vázquez (1997) o Costas y Novoa (1993). En segundo lugar, la metalurgia también atrajo la atención de diversos especialistas, destacando los trabajos de B. Comendador (1998) que se insertan en proyectos de investigación arqueometalúrgica más amplios como el Proyecto Arqueometalurgía de la Península Ibérica. En tercer lugar, y en menor medida, la investigación también se centró en las prácticas funerarias, donde es necesario citar los trabajos de Fábregas y Vilaseco (1998) y el reciente trabajo de A. Bettencourt (2010), que aborda esta problemática desde perspectivas teóricas más innovadoras. Por último, y en cuarto lugar, la cerámica también se estudió desde posiciones diferentes a la Arqueología del Paisaje, como es el caso de los trabajos de J. Suárez (1998). Por lo tanto, si cruzamos Arqueología del Paisaje (o, al menos, una arqueología interesada por las dimensiones espaciales y territoriales del registro arqueológico) y Edad del Bronce los resultados son tres: los trabajos de F. Méndez acerca de los yacimientos habitacionales; los trabajos sobre petroglifos de investigadores como M. Santos (2008), R. Fábregas (2001) o L. Alves (2002); y los trabajos de P. Prieto referidos a la cerámica de este periodo. Estamos ante estudios que se centran en aspectos concretos del registro arqueológico, que no abarcan éste en su totalidad. Los únicos ensayos de interpretación del paisaje social existente en este periodo a partir del registro considerado de forma global son los apuntados por F. Criado (1993), pero siempre en el marco de un análisis más amplio de las formas del paisaje a lo largo de toda la Prehistoria de Galicia, lo que le resta especificidad y detalle al estudio. Este autor defiende un paisaje parcelado para esta época, en línea con lo que sucede en el resto de Europa, que sería el resultado de una sociedad que define como de tipo heroico conformada por pequeños grupos domésticos. También existen otras propuestas de interpretación histórica que, basándose en estudios antropológicos, defienden un modelo de sociedad parecido (Vázquez Varela 1995, 1999). Por todo ello, y al igual que, como dijimos, se ha hecho para otros periodos en esta misma zona geográfica (ver Parcero 2002), consideramos posible un estudio que, desde la Arqueología del Paisaje, integre todas las manifestaciones materiales del periodo. Y este será el propósito de nuestra Tesis doctoral. 3. Objetivos. El objetivo principal es rellenar el espacio historiográfico señalado anteriormente. Descendiendo al interior de la Tesis doctoral, nuestro objetivo es estudiar el paisaje en cuatro dimensiones complementarias, entendiendo aquél como el producto material y la creación cultural resultante de la acción social cotidiana de comunidades humanas regidas por un determinado sistema de saber-poder. Estas cuatro dimensiones son: En primer lugar, la dimensión ambiental: el paisaje como espacio físico que preexiste a la acción humana y que constituye la materia prima sobre la que se construye en verdadero paisaje. En segundo lugar, la dimensión productiva: el resultado de la aplicación de las estrategias sociales destinadas a garantizar la producción de los bienes más elementales para la reproducción de una comunidad. En tercer lugar, la dimensión socio-política: los efectos derivados en el paisaje de las formas en las cuales los grupos humanos estructuran sus relaciones interpersonales e intercomunitarias, prestando especial atención a los procesos de complejización social y a las formas en las que el poder se ejerce, manifiesta y oculta. En cuarto y último lugar, la dimensión simbólica: las formas de conceptualizar e imaginar el espacio por parte de una formación social determinada. De este modo, la finalidad no es solamente estudiar las formas del paisaje de este periodo de la Prehistoria Reciente del noroeste peninsular desde una perspectiva reconstructiva, como un fin en sí mismas, sino sobre todo alcanzar, a partir de ellas, una interpretación general de la organización social de las comunidades que generan ese paisaje. 4. Metodología, objetos de trabajo y secuencia de trabajo. La metodología sería muy similar a la utilizada por C. Parcero (2002: 1-33) y F. Méndez (1998). El primer paso es la descomposición operativa del paisaje como objeto de estudio en las cuatro dimensiones consideradas. Esto no implica partir de una concepción segmentada del paisaje, sino simplemente una forma de facilitar el análisis. Así logramos una secuencia de análisis que podría definirse como cadena interpretativa: avanzar de lo más evidente a lo no tan obvio. Se adoptará la esencia del método hipotético-deductivo, ya que, a nuestro entender, los datos no “hablan por sí solos”. Asumimos el principio expuesto en su día por J. Vicent (1991: 37) cuando afirma que “la Arqueología del Paisaje exige un enfoque arqueológico no convencional, cuyo objetivo no sea la reconstrucción positiva de los hechos, sino la contrastación de hipótesis sobre los aspectos no directamente observables del proceso (…) a partir de los que sí lo son”. De esta forma, la primera parte será el planteamiento de un modelo, tesis o hipótesis general de partida creado a partir del análisis detallado de las principales propuestas existentes en la bibliografía referida al desarrollo de formaciones sociales post-neolíticas en el occidente europeo. Una vez planteada esa hipótesis fundamentada, seguiremos un método de análisis basado en la secuencia “modelo-contrastación”: elaborar modelos estructurados que planteen cuestiones que el análisis sea capaz de verificar o desmentir. Estos modelos estructurados nacerán del análisis tanto de la bibliografía particular (la propia de la zona de estudio en el periodo considerado), como de la bibliografía contextual (la referida a otras zonas en este mismo periodo). Una vez acabado este ciclo, llegaremos a una síntesis en la cual se incorporarán los aspectos positivos que el análisis ha derivado y que nos permitirá construir un nuevo modelo. Evidentemente, este modelo estará sujeto a nuevos análisis y revisiones. El objetivo final no será obtener un conocimiento cerrado y definitivo, sino abrir nuevos caminos. Interpretar en vez de explicar. Todo aquello que el modelo de partida no cubre dará pie al planteamiento de una nueva tesis y al reinicio de la secuencia. Aquí entra en acción la segmentación del paisaje en las tres últimas dimensiones, poniendo en marcha la cadena interpretativa: en primer lugar conviene comenzar por buscar las opciones interpretativas más sencillas, las obvias y evidentes, que a la vez son las más funcionales: la dimensión productiva. A partir de aquí será posible ir ascendiendo hacia las otras dos dimensiones, materialmente más difusas: la dimensión socio-política y la dimensión simbólica. La construcción de esos modelos se basa en tres componentes: en primer lugar, la información previamente existente acerca del objeto de estudio en cuestión: el registro arqueológico ya conocido para el contexto del trabajo; en segundo lugar, las reconstrucciones existentes de ese registro arqueológico (otros modelos construidos por otras personas); y por último, el contexto (discurso interpretativo o teoría), que hace comprensibles los datos. Al tratarse de sociedades sin registro escrito, este contexto nos lo proporcionarán las referencias antropológicas y/o históricas, logrando, así, objetivar la subjetividad y contrastar la interpretación, escapando así de aquellas interpretaciones sin peso objetivo (Criado 2006). La selección del modelo más acertado dependerá no de la proximidad real (en términos espacio-temporales) entre éste y el objeto de estudio, sino de su proximidad estructural. En cuanto a los objetos de trabajo, ya han sido definidos: los paisajes de de la Prehistoria Reciente del noroeste ibérico que tienen su origen en el final de la monumentalidad funeraria y su final en el origen de la fortificación de los asentamientos. Sin embargo, esta escala general debe ser concretada a nivel comarcal (macroespacial), en términos de casos de estudio, para hacer el estudio abarcable. Se escogerán diferentes áreas representativas del noroeste ibérico, regiones de variable tamaño pero que alberguen un número tal de yacimientos que permitan analizarlos en conjunto, como distribuciones, y obtener patrones de tipo comarcal. Sin embargo, somos conscientes, y actuaremos en consecuencia, de que el problema debe ser analizado a distintos niveles y escalas complementarias, ya que la forma de otorgar verdadero significado a los resultados es a través de la comprobación de su recurrencia estructural basada en el principio de la compatibilidad estructural entre códigos de una cultura (Criado 1999: 57). Una vez definidos la metodología y los objetos de trabajo, la secuencia de trabajo comenzará con la preparación de los datos de base a partir de la composición de un cuerpo de datos digital que represente las variables esenciales de las áreas objeto de estudio (elaboración de cartografía digital, elaboración de cartografía temática acerca de usos del suelo, clases de pendientes, etc.). A continuación, procederemos a la documentación de la totalidad de los yacimientos del periodo considerado en cada una de las zonas de estudio. Los yacimientos serán los ya conocidos junto a otros de nuevo descubrimiento a partir de prospección en campo. Una vez dados estos dos pasos previos, realizaremos en análisis paisajístico individualizado de los yacimientos, cuyos parámetros variarán en función de la tipología de sitios que analicemos en cada momento. Finalizado el análisis paisajístico individualizado se procederá al análisis paisajístico ampliado que relacione los resultados del análisis anterior. Con este segundo análisis alcanzaremos una comprensión más completa de las realizaciones de la época, tratando de desentrañar las relaciones entre ellas como forma de acceder al paisaje social. Para desarrollar este proceso analítico recurriremos a los Sistemas de Información Geográfica (SIG), que nos permitirá manipular gran cantidad de información de modo rápido y preciso, haciendo posible la obtención de resultados que de otro modo serían inviables. 5. Conclusión. Como hemos expuesto nuestro Proyecto de Tesis doctoral cubriría un relevante espacio en la investigación arqueológica de la Prehistoria Reciente del noroeste ibérico. Desde un punto de vista social, no debemos olvidar que el paisaje es la superposición y la destrucción de elementos preexistentes que rara vez desaparecen por completo. El paisaje como tal, en singular, es únicamente nuestro paisaje y su génesis es resultado de la imposición del presente sobre todos los paisajes, en plural, que nos han precedido y que se corresponden con todas las racionalidades socio-culturales pretéritas. Por lo tanto, nuestro paisaje actual tiene algo (o mucho) del paisaje de la Prehistoria Reciente. No podemos entender la formación de aquél sin conocer éste. Con la realización de esta Tesis doctoral conseguiríamos caracterizar el proceso histórico que está detrás del desarrollo de unas formas de paisaje que, en función de lo que se sabe de ellas hasta ahora, representarían un relevante episodio de domesticación del medio realizado, sorprendentemente, a través de una acción social que no ha dejado restos materiales en él tan evidentes y reconocibles como los de contextos inmediatamente anteriores o posteriores. [-]

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